martes, 24 de mayo de 2016

NOTAS SOBRE LA ENSEÑANZA

     Resulta curioso: mucha gente, algunos, amigos, que han leído el libro de Conversaciones con Alfredo Rodriguez, reprueban más o menos mis consideraciones sobre la maldad del Estado y mis deseos de un Estado mínimo - es mi “mínimo” lo que les parece discutible -, pero lo que les resulta indigerible son mis conjeturas sobre la Enseñanza, lo de que los centros deben ser privados y libres de establecer sus programas. Nunca comprendo por qué la gente está más interesada en mis opiniones sobre estos temas - será porque todo ha terminado, como veía Mann, en una trituradora política que nos devora hasta los poros - que por lo que hablamos de Literatura, de pintura, de mujeres... de música, de lo verdaderamente importante.
      Creo que acaso ese  interés vaya ligado a no darse cuenta de que yo hablaba con ironía. Y que lo que me interesa, muy lejos de cualquier ideología, es que dentro de un orden que permita vivir, exista el menor poder posible en los gobiernos, sea el que sea. Me da igual cómo se etiqueten, porque lo importante es hasta dónde limitan nuestras libertades, si garantizan o no la Propiedad, pues sin su inviolabilidad no hay vida ni Libertad posibles, si nuestra Conciencia está a salvo. Si yo hablaba allí de dos Presidentes (lo mismo hubiera podido decir tres) es porque advierto menos posibilidades de despotismo, más límites a las tentaciones de poder; y si reducía los Ministerios es porque creo que cuanto menos dependa del gobierno, menos peligro para nosotros; y de poner barreras a tal peligro, mi oposición a gastar ese dinero que nos roban con los impuestos para sostener partidos políticos, organizaciones de cualquier especie y cuanto vía subvención domestica la libertad de la sociedad; y lo de la edad avanzada para los gobernantes es porque creo más en la prudencia de los mayores que en la de los jóve-
nes.
    Lo que es absolutamente necesario es que los gobiernos no se basen en “Ideologías”, esa abyección que prejuzga, sin otras formas de entendimiento que la Razón, preten-diendo mediante qué ingeniería  social devastadora, modificar la vida de la sociedad sin tener en cuenta la realidad de esa sociedad, su Memoria, lo que es en su alma, y sobre todo olvidando la limpia inteligencia de qué puede, verdaderamente, ayudar a las correcciones  que sean necesarias sin olvidar jamás qué es intocable.
     Muchas veces pienso cómo la sucesión de reinos y guerras y enfrentamientos muy dolorosos, no cambiaban a lo largo de la Historia ese “espíritu” de los pueblos. Hasta el cáncer de las Ideologías, hasta que fueron éstas y no pasiones mucho más humanas - el ansia de poder, el odio, la codicia, incluso las hambrunas – las que abrieron las puertas del Horror.
      De todas formas, todas mis conjeturas, todos mis “consejos”, no dejaban de ser, y yo lo advertía, política-ficción. Porque nuestro desastroso mundo está tan establecido, los gobiernos tienen tan narcotizada la sociedad en su tela de araña, que no veo forma de que mude digamos “por las buenas”; y cuando nos inclinamos “por las malas” no dejamos de caer en otra pretensión de ingeniería social. Por eso creo que lo único que cabe hacer y desear - sin esperanza -es ir eligiendo aquellos gobernantes más alejados de toda ideología partidista, los más cercanos a ser meros gestores inteligentes, los más moderados, y... ¿cómo diría?: Un empresario como el creador de Zara no me parece mal Presidente. Gobernantes por poco tiempo en el poder y que vayan asegurando lo que antes soñaba: Libertades y Propiedad garantizadas, Gobierno de las Leyes y no de los hombres.
     Todo esto, naturalmente, poco tiene que ver con el Arte, con la Literatura, etc, que caminan muy bien a su aire, como el talento de sus creadores lo permita. Lo único fundamental para que se desarrollen en estos tiempos “democráticos” -quiero decir, cuando ya no hay Pericles ni ninguno de aquellos excelentes mecenas o Reyes y Papas magníficos-  es la eliminación del Ministerio de Cultura y toda injerencia del Estado.
     Pero sobre la Enseñanza sí me duele que en lo que se  ha convertido -su dependencia y utilización por los gobiernos para moldear con sus falsificaciones el pensamiento y someter nuestra libertad y nuestra conciencia- esté ya tan hecho carne “nuestra” que resulta inconcebible imaginar lo que yo decía en las Conversaciones: Hay que alejarla, apartarla de todo contacto con el Poder. Porque ya no se trata de discutir nuestras formas de convivencia, reflexionar sobre la crueldad o la tolerancia, sobre qué es bueno para prosperar o qué nos hace retroceder a la miseria... Se trata de lo que pese a todo y sobre todo, han sido capaces los seres humanos de levantar por encima de la indigencia de su condición: la Civilización. Y en sus cimientos está la Educación -que prefiero a Enseñanza-. Y ahí no tengo, creo, sólo conjeturas, sino algunas certidumbres. Sé muy bien que no veré una hora donde crezcan orgullosas, pero  como mi maestro Montaigne decía c’est  ne pas un leger plaisir de se sentir preservé de la contagion d’une siècle si gasté.
     Por qué considero que toda la Enseñanza debe establecerse en centros privados podría  resumirlo en: Porque su único espacio posible es la Libertad, el intercambio de ideas, de formas de ver el mundo, de reflexionar sobre su Historia. Y creo que esa Libertad y esa universalidad están más protegidos en centros privados y con programas de estudio libremente establecidos por cada centro que en las manos inevitablemente sectarias y viles de cualquier poder “moderno”. Ninguno es ya precisamente Federico II Hohenstaufen.  La Educación es asunto que corresponde a la sociedad. Y pienso que en su mejor servicio -y en el de esa Civilización que nos ampara- debe transmitirse en centros libres, con libre contratación de maestros exponiendo cada uno con libertad sus conocimientos, maestros de esta o aquella nación (pues no hay otra que la excelencia de su saber), y con programas de estudio decididos por cada centro. Será la sociedad la que rechace o acuda a esos centros si ve que no es bueno lo que se  enseña. Ese sería otro filtro: sólo lo excelente prevalecería.
      Sobre la forma de pagar esa Enseñanza, ya me ocupé largamente en el libro de Conversaciones, y no voy a repetirme.
      Insisto en que todo esto que desearía, es quimérico. Pero se diferencia de la utopía en que así ha sido durante muchísimos siglos, y con notable provecho.
      Y bueno... ya que parece que esta noche tengo ganas de escribir, ¿por qué no añadir algunas consideraciones que me parecen interesantes?
      Por ejemplo: sobre los niños. Ahí coincido con Vico: creo que es un error tratar de ocupar su interés con ciertos conocimientos, por ejemplo los científicos. Eso vendrá después, en su momento propicio. Pienso para ellos - su edad es una esponja para todo lo que conformará su ser- en una Enseñanza que adore la Memoria, lo que de verdad somos, qué es el Bien y qué el Mal, lo que hemos sido capaces de crear (Arte, Religiones, la Tolerancia), nuestra Historia contada como un cuento, mitos, leyendas... todo lo que irá empapando esa esponja, dejando en ellos una formación Humanista. Recuerdo que Vico decía que lo único aceptable en esas edades y referido al conocimiento científico era la Geometría, precisamente por esa capacidad imaginativa de los niños para “crearse” en un mundo de imágenes. ¡Y qué edad para leer!
       Y también creo que no debe dejarse en el olvido el juego, el atletismo, pero en esto soy muy “griego”. Soy de los que disfrutan con la regata de Oxford y Cambridge.
       Lo fundamental es que avancen desde la niñez sin haber sido manipulados por ningún fanatismo. Sólo habiendo “visto”, hecho suyo el mundo y la vida sensorialmente, sabiendo qué es Bueno y qué es Perverso. Ya en la adolescencia irán ampliándose los conocimientos, e incluso - en la Universidad- especializándose. Pero sin perder nunca de vista cual es la meta: ser el mejor ser humano posible. Y por eso decía  yo en las Conversaciones que algo muy importante -y eso es lo que más reprimendas ha cosechado- es que los últimos grados, aunque ya desde el final de la adolescencia, sean sumamente exigentes, hasta implacables, en la sanción de los conocimientos adquiridos y la capacidad intelectual del alumnado; que sólo vayan “ascendiendo” los verdadera-mente capaces. Los demás pueden ir incorporándose a oficios o destinos acordes con su competencia.
      De todas formas, repito, no me hagan mucho caso. Y además ya estoy empezando a sentir el sueño. Un whisky, el último cigarro, y a la cama con un buen libro. Me despido con una pagina de mi querido Montesquieu, que no viene mal aquí:
      “Cuando ya no hubo tribunos que escuchar ni magistrados que elegir, lo fútil se hizo  indispensable y la ociosidad incrementó el gusto por esa nadería. Calígula, Nerón, Cómodo, Caracalla, fueron amados por el pueblo a causa de su misma locura, pues estimaban con furor lo mismo que el pueblo deseaba; contribuían con todo su poder y hasta con sus perversiones a los placeres del pueblo y prodigaban para él las riquezas del Imperio, y cuando estas se agotaban, con qué alegría asistía el pueblo al despojo de las grandes familias gozando de los frutos de la tiranía, ENCONTRANDO SU SEGURI-
DAD EN SU PROPIA BAJEZA”.
(La última frase la escribo con mayúsculas porque convendría meditar mucho en su sentido)

      

viernes, 10 de octubre de 2014

(SACADO DEL DIARIO DE JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ, DE LA ENTRADA DE HOY 10 DE OCTUBRE DE 2014)



     Esta mañana se me ocurrió acercarme al Pompidou. Me desagrada ir, porque siempre me invade una sensación de humillación - la que no sintieron los que lo levantaron - al pisar ese edificio espantoso y ver la basura que encierra. Pero hay una exposición de Marcel Duchamp que sí merece la pena. Y en fin, he hecho de tripas corazón y me he aventurado. De paso, me he dicho, volveré a contemplar esos Bacon asombrosos (de los que por cierto, ya sólo queda uno), y algún Picasso, y, bueno, ese Matisse, ese Otto Dix, esos veinte cuadros más o menos que son lo único salvable, porque todo lo demás, edificio por supuesto incluido, no merece sino la destrucción. Es lo que yo haría: salvar esos cuadros, hasta el de mi viejo amigo Matta, y el resto derribarlo y dedicar el espacio a jardines y cafés; y ya de paso, que los basureros se llevasen esas imbecilidades que "adornan" la placita al lado.
     Cuando estoy en el Pompidou se me acentúa muchísimo el desprecio que siento por los responsables gubernamentales de eso que llaman "Cultura" y por los codiciosos que se dicen "artistas", que se aprovechan de su escasez mental y que son capaces de asesinar el Arte con tal impunidad, tal desfachatez y tanta vileza.
     Además, siempre que voy estoy a punto de tener un altercado, porque me indigna ver lo que se hace con los niños, cómo se intenta deformar su cabeza hasta convertirlos en zombis ya esterilizados culturalmente, matar en ellos lo que existe de admiración natural por la Belleza, de libertad, de sano vivir... Esta mañana, como era de esperar, había varios grupos de colegiales; muy pequeños, sobre nueve o diez años. He visto tres grupos, dos presididos por profesoras jóvenes y otro por un señor mayor. Me he detenido junto a uno de ellos: un círculo de niños imagino que aún perfectamente redimibles, sentados en el suelo ante un engendro que ocupa una pared inmensa y que consiste en muchísimos globos terráqueos, de esos que venden, de plástico, en cualquier sitio, y a los que el sinvergüenza que los ha "creado" había pegado pedazos de papel de estraza. Pues bien, delante de esa abominación, una, por su aspecto, muy "progresista" profesora  les explicaba con profunda convicción, a esos desamparados, la grandeza de la obra donde al artista había plasmado la ferocidad de, por supuesto la Derecha, amordazando y asfixiando al mundo. He estado a punto de intervenir, de decirle a la profesora que era una incapaz, absolutamente inculta, pero peligrosa, que estaba atentando contra lo que pudiera haber de esperanza de inteligencia y sensibilidad en esos niños; y que era indigno que alguien así suplantara figura tan noble como la de maestro. Y a los niños les hubiera dicho que huyeran, que no pisarán nunca más ese lugar infecto y, de ser posible, ni siquiera su colegio. De verdad, me ha costado refrenarme,

    Sí. Por higiene social:  Cerrar el Pompidou. El destino de más del 90 por ciento de lo que ahí se almacena, no merece más que el desprecio. Y el fuego.

jueves, 18 de septiembre de 2014

DELIRIO NACIONALISTA




Es curioso contemplar cómo los seres humanos - gran número de ellos - caminan por senderos muy poco inteligentes, que conducen no a una mayor libertad, a un mayor y mejor poder sobre sus vidas, sino a progresar como rebaño perfectamente dispuesto a obedecer.
Hoy están votando los escoceses para separarse o no del resto de Gran Bretaña. Y los acompañan muchas voces por toda Europa exigiendo referéndums para aislarse todos de todos. Y lo llamativo es que jamás escucho a una comunidad - da igual su tamaño, siendo posible; puede ser una ciudad (las hubo en la Historia, y grandiosas)  - que pida constituirse por separado con el fin de huir de gobiernos indeseables, de impuestos confiscadores, de leyes opresoras...asegurando las libertades, una Justicia ejemplar, una Administración eficaz y barata...  Sino que escucho argumentos de barbarie tribal, vindicaciones necias exaltando una lengua, algún signo racial, he oído hasta alusiones a la sangre. Y sobre todo, basándose sus pretensiones en un falseamiento de la Historia - previa la amnesia colectiva - propio de mentes envilecidas, intereses espúreos y en general todo el imaginario perverso de la
gentuza.
La verdad es que os aborrezco. Lo único que me queda es dejar testimonio de que no soy uno de los vuestros. Mi patria es el mundo, carezco de toda maldad nacionalista, amo muchas lenguas y acaso no es la mía la que más estimo, sueño con un mundo sin fronteras y no creo en otro gobierno que el de las Leyes, jamás el de los hombres.
Como escuchaba decir a la gente en mi niñez: Que os den morcilla. Creo que se referían a la morcilla envenenada con que se mataba a ciertos animales.

José María Álvarez.
París, 18 de Septiembre de 2014.

domingo, 3 de agosto de 2014

ADIOS, FACEBOOK; Y OTRAS CONSIDERACIONES


             
           
                                  A raíz de la publicación, este Verano, en el periódico LA OPINIÓN, de mi viejo Diario de 2002 a 2000 y pico, y de fragmentos del libro de Conversaciones que el escritor Alfredo Rodríguez mantuvo conmigo en París - EXILIADO EN EL ARTE -, estoy recibiendo llamadas y comentarios, de los que me preocupa, en algunos, no su oposición, sino que no haya quedado claro lo que puedo pensar sobre algunas cuestiones de nuestra vida. Así que voy a resumir mis conjeturas para tranquilidad general y sobre todo para que no se me adjudiquen juicios que poco tienen que ver con ellas.
Vamos a partir de una base: El ser humano - como ya lo sabía Homero, y desde luego Tucídides , y qué decir de mi maestro Tácito, y de ahí hasta hoy todas las cabezas memorables -, NO TIENE SOLUCIÓN. Si bien es cierto que es capaz en muchos momentos de los mayores sacrificios por el Bien, alberga en su alma una facilidad morbosa para el Mal; su capacidad de ser codicioso o discernir sobre lo afortunado o desgraciado que esta o aquella elección pueda ser para su suerte, presumo dolorosamente que en la mayoría padece de raquitismo, cuando no de vileza. En consecuencia, carezco, creo que afortunadamente, de certezas políticas. Me da lo mismo una forma de gobierno que otra y sus nombres, pues lo único que me importa son los resultados; esto es: si bajo ese poder somos o no más Libres, si se respetan o no los derechos a la Propiedad, a todo lo que constituye nuestra Individualidad inviolable, nuestra libertad de Expresión, nuestra Conciencia, nuestra libertad de comerciar, de movernos por el mundo. Por lo tanto soy un desesperanzado Old Whig - podéis considerarme un modesto alumno de Hume, de Hayek y de von Mises, y así nos entenderemos mejor - que seguro (de esto sí) de que lo que más nos acerca a una convivencia tolerante y fecunda es el Liberalismo digamos "clásico", el  Gobiernos de las Leyes y no de los hombres,  me limito a apoyar considerándolo Bueno  todo lo que vaya en menoscabo del poder del Estado, en el grado que sea, y a condenar todo lo que pueda fortalecer a ese gran enemigo de nuestras libertades y nuestras escasas posibilidades de felicidad. En ese horizonte, obviamente, sí mantengo odios feroces: a la Izquierda en general y sobre todo a sus formas extremas en nuestra época, como el Comunismo. Pienso que en una sociedad civilizada no debería permitirse la existencia de ese partido como no debería tener cabida el Nazismo ni movimiento alguno de características totalitarias. Soy un viejo liberal porque me parece indiscutible que las ocasiones en que la sociedad ha estado mejor ha sido cuando más se ha acercado a formas de gobierno Liberales. Como es evidente que cada vez que se ha alejado de ello, ha derivado hacia el empobrecimiento y la esclavitud.
Cuando considero un gobierno no  miro si se proclama monárquico, republicano, demócrata (palabra que hoy, por cierto, sirve para todo), dictatorial... Tengo en cuenta sólo si bajo sus leyes soy más libre, si cuanto soy como ser humano está más garantizado.
Todo esto, en cuanto a la vida de la sociedad. Si hablamos de Arte y de artistas, creo que su plenitud no tiene que ver con esa prosperidad social. Los caminos del Arte, de la Literatura,  son otros, y cruzan paisajes que socialmente pueden ser aborrecibles, pero que resulta que a ese Arte, a esa Literatura, los nutre con gusto. Quiero decir: un gobernante no puede ser una mala persona. Un artista, sí. De un depravado pueden nacer obras excelentes, y que mejoren a la sociedad.  El Arte puede tener alianzas que abominaríamos en la convivencia "normal". Pero es que el Arte no es "normal". Porque lo que cuenta es la obra, y si esta es grande, si el artista es grande, lo que nos regalará, hasta más allá de sus torpes - con  mucha frecuencia, en muchos,  muy torpes - opiniones, es Vida, la más profunda verdad de la Vida. Y la Vida nunca miente. El artista mezquino  es aquel cuyas páginas mienten. Con un ejemplo, rápido, y de nuestro idioma: ¿Por qué sobre el mismo tema - pensemos en ESPAÑA, APARTA DE MI ESTE CALIZ - , los versos de César Vallejo  son verdad, y los muy serviles de Neruda, despreciables, imperecederos los de Vallejo y ya olvidados los de Neruda?
Pensad en la censura que los gobernantes pueden ejercer - desde la moderada admonición al Gulag o los sótanos de la Gestapo -: Nada tienen que ver con el Arte, con su creación, con su altura y grandeza. Los Zhdanov o los Dzerzhiski de turno pueden hacerte la vida muy desagradable, o asesinarte; pero no impedir que sueñes, que imagines, que escribas, que dibujes..., que dejes tu obra de alguna forma y otros la repitan y perpetúen. Quiero decir: vivir bajo una tiranía es aterrador y cruel para aquel que no lame las botas de ese Poder, pero no es determinante para la obra de un artista. En los más atroces momentos de la Historia han alumbrado libros - y esculturas, y pinturas, y arquitecturas - que siguen asombrándonos. Jamás el Horror del Poder ha conseguido asesinar la creación artística. Y es curioso que cuando por primera vez sí está en grave peligro esa creación, sea bajo nuestra actual forma de Democracia. Porque lo que nuestras Universidades y ya desde la primera Enseñanza, y cuantos medios pueden tener fuerza sobre el desarrollo del espíritu humano, están llevando a cabo, esta especie de "solución final" que no es ya la muerte física o el encarcelamiento del artista, el asolamiento de su libertad y su sensibilidad, sino la desecación de su imaginación, sus referencias,  el arrasamiento de sus sueños y sus posibilidades de expresión mediante leyes, aparentemente para "mejorar" nuestra Conciencia en un baño de "igualitarias" cualidades, es, por sus consecuencias, mucho más letal. Para aclararnos: es menos peligroso que se proscriba a un creador por su obra cuando esta pone en cuestión la virtud de un Poder, que, simplemente, las "correcciones" que se están llevando a cabo en tantos libros - desde Shakespeare a cuentos infantiles -  en nombre de esa vileza llamada Pensamiento-Políticamente-Correcto.
 Y aprovecho para decir otra cosa: Una sociedad bajo un gobierno no muy recomendable para el bienestar ciudadano, puede ser muy estimulante para el artista. Porque siempre y cuando no se trate de crueldades intolerables, en cuyo caso si éste colabora con ellas es un canalla incluso más abyecto que la propia tiranía, la ejecutoria de grandes personajes de la Historia cuyos sueños engrandecieron el mundo y el horizonte de los hombres - desde un Alejandro a un Federico II Hohenstaufen, o la gran era de los Antoninos o de Pericles, o algunos de los excelentes Papas como Julio II...; en fin, poned aquí los nombres que queráis - donde el artista gozó de extraordinarias ocasiones y posibilidades para levantar su obra (y además arrebatada por ese movimiento avasallador de la Historia)  no deja de ser un caldo de cultivo para la Creación sin duda superior a la exanimación que hoy nos humilla, nos afrenta y nos ha convertido en lo que tan evidentemente muestran escaparates de librerías, exposiciones de Arte "jeffkoonsianas" y cuanta necedad y bajeza subvencionada son nuestro paisaje diario. 

Y con respecto a ese Arte y esa Literatura, os sorprende lo que suelo decir. Pues bien, lo repetiré: Creo que estamos asistiendo a su muerte. Nadie puede predecir cómo terminará todo. Quién sabe si algún día se dará un renacimiento espiritual considerable. Pero lo que hoy veo, en general, es basura. Y todo hace imaginar que la destrucción que se ha consumado del Pensamiento, la "amnesia planificada", la absoluta incultura de la sociedad, hace lejano y problemático ese Renacimiento. ¿Qué podemos hacer quienes tenemos tan funestos augurios? Nada. No podemos hacer nada. Es demasiado fuerte la resaca del Mal. Sólo podemos hacer una cosa: decirlo, repetirlo, combatirlo, rechazarlo, atacar sin cesar lo que ha venido a llamarse "Pensamiento Correcto" y que es el mayor peligro que ha existido contra la Inteligencia, la sensibilidad, la Excelencia y la Libertad desde que el mundo es mundo.
También os sorprende mi ausencia en el coro, tan nutrido, contra la Religión. De una vez por todas: Soy un agnóstico lo suficientemente en paz consigo mismo. Pero creo - como, por cierto, también lo sabía Homero - que sin Religión, sin esa "sed" de Trascendencia, los seres humanos no van a ninguna parte. Y también creo que Europa, su alma, lo mejor de su alma, se debe a lo que se ha mixturado en ella de Catolicismo, esa herencia sagrada de mesura y equilibrio y veneración del Arte que son nuestras raíces greco-cristiano-romanas.
Y vamos ahora a tres asuntos "menores":
Parece que os pone los pelos de punta mi defensa de las Privatizaciones, que para mí no son sino devolver a la sociedad lo que es suyo rescatándolo de las garras depredadoras del Estado. No voy a entrar en detalles. ¿Privatizar?: TODO. Pero pondré el acento en un alejamiento del Estado de aquello donde a la perversa gestión, a la bancarrota, vincula sin escrúpulos el adoctrinamiento más abyecto y la consecución de una sociedad "lisa" de mansejones obedientes: la Enseñanza. He escrito  mucho sobre el tema, para extenderme aquí.
Os sobrecoge también mi pensamiento sobre la Sexualidad. Creo que en ningún momento de la  Historia se ha mentido tanto sobre ella como en nuestra época, falseándola, viciándola, traicionándola. No hablo de tabús y ukases que otras formas de gobierno pudieran modificar. Sino lo que se ha inoculado en nuestras cabezas; eso es más difícil de erradicar. Me basta con decir que las formas de placer más acorde con lo que de verdad somos, las encuentro sobre todo en el siglo XVIII.
Y ahora quiero aprovechar para comunicar algo: Esto del Facebook es una idiotez y seguramente una forma más de lijar nuestra inteligencia. Pensadlo un poco. No tiene sentido. Convierte en trivial hasta el mejor pensamiento y lo hermana con el peor. Por lo tanto, desde este momento, me voy. Lo único que puede tener sentido entre personas que se aprecien y que estén lejos unos de otros es lo que siempre se ha usado: una carta. Creo que con aquellas personas que deseamos frecuentar, con quienes queremos hablar, cambiar impresiones, algo verdaderamente fructífero, lo mejor es el correo electrónico; pero como si escribiéramos una de aquellas "antiguas" cartas: recreándose, sin temor por el espacio. Los que queráis "hablar" conmigo podéis hacerlo (en la web : www. josemaria-alvarez.com  tenéis el correo) de esa manera.
Y esto no quiere decir que yo denigre a Internet. He dicho muchas veces que me parece, tal como va todo en nuestro mundo, el medio más considerable que los tiempos han traído para salvaguardar nuestra libertad. Ningún  gobierno puede impedir nuestras palabras,  nuestros pensamientos. Salen a ese espacio que ellos no pueden impedir. Viven. Por eso creo en las páginas web, y quizá en los blogs, y en el correo como garantías de esa libertad. Otra forma de usar estas posibilidades magníficas lo único que consiguen es hacernos más necios.
Y nada más. Como mi maestro Montaigne dice: A Dieu donq.   

                                                                                                         José María Alvarez