lunes, 7 de noviembre de 2016

ANOTACIONES A UNA ENTREVISTA EN "EL MUNDO".

Consecuencia de una entrevista que me hizo Emilia Landaluce en EL MUNDO de 5 de Noviembre pasado, estoy recibiendo muchos correos y llamadas de personas que se sienten agradecidas de que alguien, dicen, a quien respetan, confirme lo que ellos piensan. Y algunos me piden que si puedo extenderme en ciertos puntos de esa entrevista.
Quiero aclarar algo: Yo no soy un “pensador”, sino un escritor. Sin duda he llegado a afinar algunas ideas sobre la vida, el mundo donde me encuentro y, obviamente, la situación social y política de nuestra sociedad. Pero mis conjeturas, estando cada día menos seguro de si lo que considero es acertado o no, son el resultado de mi experiencia personal, de no haber desdeñado ese sentido común que mis mayores sembraron en mí, y por supuesto sujetas a ser refutadas por cualquier idea mejor.
Creo que el mundo ha tomado un rumbo caótico, trágico muchas veces. Los que rigen nuestro destino -porque nos pongamos como nos pongamos, lo condicionan-, gobiernos de toda bandera, asesinos enloquecidos de revoluciones imposibles, multinacionales, banca, el comercio de las armas... y Dios sabe quién, cada vez me parecen más insensibles al dolor humano, más incultos, más despiadados, profundamente inmorales cuando no decididamente criminales. Y a mí lo que me importa es el ser humano, su seguridad, su libertad, sus posibilidades de no ser desdichado. Si de algo sé es de Literatura, de Arte, de Historia, y es de lo que me gusta conversar. Pero bueno, a veces uno tiene que responder a otras cuestiones...
Muchos de esos correos y llamadas que digo, se interesan por mi visión del problema con el que llaman “mundo Árabe”. En la entrevista yo decía que a mi entender, sería “nuestro” problema. Porque los integristas y su ala yihadista, lo tienen muy claro; y porque gran parte de la población donde se mueven y reclutan, aún no siendo violentos, sin embargo asienten con su silencio y de alguna forma creen en ese camino insensato y bestial. Y me preguntan por mi opinión sobre Qué Hacer. Y la verdad es que no sé muy bien qué deberíamos hacer. Pero, en todo caso, hay dos espacios de actuación: En nuestro mundo, la Ley, “nuestras” leyes -si son las adecuadas o no, si se han relajado o no, si deben modificarse, ajustarse, endurecerse, etc, sería otro tema y muy complejo-, su cumplimiento riguroso, su adecuación a esta nueva realidad. Pero siempre, y por supuesto, “nuestras”. En “su” mundo, si hay un problema con alguna nación, si constituye una amenaza real y grave, para eso están los ejércitos, y si no hay otra salida, entonces la guerra “allí”, con la intensidad que requiera. Lamentablemente las que hemos sostenido y mantenemos, creo que no han sido siempre - no hablo de otras épocas- muy justificables ni se han desarrollado de forma inteligente, con la dirección más adecuada. Pienso en la tragedia de la última intervención de EE.UU. en Iraq, en el error catastrófico de Libia, en la hermosa Siria devastada. Y hay algo que no debemos olvidar, y que comenté en la entrevista con Landaluce: la culpa que de la actual tensión en nuestras naciones con la población árabe, tiene el municionamiento ideológico y el aliento proporcionado por nuestra infame “intelectualidad” de Izquierda. Es curioso, que la única voz lúcida, verdaderamente enfrentada a los integristas, entre todos los dirigentes de nuestro mundo, haya sido, y con la importancia que tiene religiosamente, la del Rey de Marruecos.
Unido a eso, me preguntan por el problema de la inmigración. Yo estimo que bienvenidos sean quienes quieran vivir en nuestras naciones. Yo amo sociedades muy mezcladas, transfundiéndose unos a otros vitalidad, ideas  y sangre nuevas, altas formas de cultura. Y que lo mejor vaya imponiéndose a lo inferior. Eso es hermoso. Pero por supuesto hasta donde sea económicamente posible y todos bajo nuestras leyes y digamos no cuestionando el “ser europeo”, porque es nuestra forma de vida lo que ha hecho atractiva esa Europa donde vivir materialmente mejor que en sus países de origen. Aunque desde luego muchas de esas ventajas son ya insostenibles. Desgraciadamente es esa llamada económica lo único me parece que los motiva, porque espiritualmente no creo que ya seamos muy seductores. Pienso que lo único que debe respetarse, que no es nuestro, es la Religión, pero siempre que se mantenga en un ámbito personal y no manifieste nada que se oponga a nuestras leyes y costumbres. Claro que ahí el problema es en qué se han convertido nuestras leyes.
También se interesan por lo que yo pueda considerar como caminos que mejoren la situación española.
¿Que puede haber caminos que mejoren a España? Sí, supongo que sí. Pero todos los que a mí me parecen buenos serían de un andar lentísimo, y si me apuran, imposibles. Porque soy partidario de tratar de ir modificando este disparate de las Autonomías, reduciendo sus competencias, algunas de ellas suprimiéndolas de inmediato; ir limitando el poder del  Estado, disminuyéndolo, devolviendo a la sociedad lo que sólo a ella pertenece; una consecuente bajada de impuestos derivándolos mucho a los indirectos;  otra ley electoral, desde luego con algo imprescindible para España, que sería la segunda vuelta; que el Legislativo tuviera unos límites al poder de las mayoría, quiero decir que no todo es “elegible”, no todo puede convertirse en Ley porque la mayoría lo apruebe, cuando hay límites más allá de los cuales sólo está el Horror; ir eliminando todo tipo de subvenciones, las políticas todas, claro -como dice Quevedo, la música páguela quien la oyere-; un poder Judicial sin la más mínima vinculación política; unas leyes que garanticen y protejan sin resquicio nuestras libertades (con el único límite de sancionar severamente lo que se demuestre falso y lesivo para la sociedad) y la propiedad; ir privatizando todo lo posible con el fin de reducir al máximo cuanto depende del dinero público; una Enseñanza que no deshonre su nombre; y sobre todo, una rigurosa y limpia batalla de las ideas explicando a la nación, pero con verdad, qué es, su Historia, por qué ha sucedido cuanto ha sucedido, qué ha demostrado a lo largo del tiempo que es mejor para la sociedad y que es letal; y creo que no estaría mal un serio castigo para quienes mientan; en fin... Pero todo esto no lo veo posible, y el camino sería larguísimo, y supongo que en ese tiempo surgirán situaciones muy intolerables a las que no sabremos responder adecuadamente. No, no me pregunte sobre esto a mí, porque cuanto puedo decirle no imagino que tenga posibilidades de realizarse.
También he recibido correos donde lo que se cuestiona de alguna forma es mi “defensa” del Capitalismo. Y creo que es un error, o acaso yo no me he expresado bien. A sus manifestaciones actuales, bueno, ya desde hace tiempo, les pongo muchos reparos. Lo que yo he comprobado, tanto por lo que he leído como por lo que he visto personalmente, es que aquellos pueblos que entraron en el desarrollo capitalista, han evolucionado rápidamente hacia la prosperidad, la gente, cada vez más personas están al amparo de la inclemencia social, mejora su salud, disfrutan de muchos más bienes, etc. Quiero decir que lo que ha hecho que los seres humanos, y cada vez más, hayan salido de la miseria, y esto en todos los continentes, ha sido el capitalismo. Y he visto que cuando las sociedades han caído bajo el socialismo, se han empobrecido, y si ya es  bajo el comunismo, entonces se produce una condena a la hambruna, al exterminio. Eso no quiere decir que yo no encuentre muchos vacíos en el capitalismo, pero seguramente son vacíos que no es la economía la responsable de llenarlos, sino la energía social deseando ser cada vez mejor en todos los sentidos, lo que no creo que esté sucediendo. El único camino que ha probado ser eficaz es el libre mercado, pero verdaderamente libre.
También me preguntan sobre si veo el discurso de la Literatura tan degradado como el del Arte. Por lo que compruebo cada día, e in crescendo, la Literatura, aunque ahí es menos tentador para que los aprovechados metan el diente, porque no genera tanto dinero como el arte, y aún quedan cabezas limpias, no deja de estar hoy ocupada por una mayoría de estafadores que están muy a gusto con que el libro se haya convertido en un negocio y sobre todo mendigando subvenciones.
Me dicen que no dejaba muy claro -más allá de mi alusión a los campos de concentración (que es dónde se suele terminar con todos estos visionarios) - lo que pienso sobre Podemos. Yo sé poco de ellos, porque como comprenderán no es gente que yo trate, y no sé más de lo que he podido leer, y leo poco, en la prensa, o cuando pasando canales en la televisión he sentido la vergüenza de ver un personal con ese aspecto y esas expresiones incultas y mitineras en el Congreso de los Diputados. Pero por lo poco que sé, me parece una fuerza que tendrá poco recorrido, porque se montaron a caballo de algo socialmente explicable, que era, o es, el malestar ciudadano ante la corrupción y la ineficacia política, pero engañando a esa esperanza y, sobre todo, amalgamando una serie de descerebradas corrientes, sin programa, sin ideas, sin nada más que su resentimiento e, imagino, sus ganas de medrar. Yo creo que la cúpula de ese movimiento es bastante fácil desenmascararla. Y pese a que -Santa Lucía les mejore la vista- han engordado por el inmenso apoyo por parte del gobierno en televisiones y demás, y se les permite mentir descaradamente sin enfrentarles razonamientos en público que los destruiría, la gente que les vaya quedando terminará por darse cuenta de quiénes y de que forma miserable los usan para sus propios fines. El hecho de que hayan perdido en tan pocos meses tanto electorado, y el que ahora perderían aún más si hubiera elecciones, ya es un aviso de donde pueden acabar. No tienen nada que proponer, y hasta sus métodos están copiados de los nazis, ni siquiera de los bolcheviques. Yo no siento por Podemos sino un absoluto desprecio y una profunda humillación porque tales esperpentos hayan podido manifestarse en España.

Y por último, en lo que más dudas tienen quienes suelen estar de acuerdo conmigo, es en mis reflexiones sobre la Enseñanza. Hay muchas dudas sobre su privatización. Debo decir que yo no sólo soy partidario de privatizar al máximo ese espacio, sino que lo soy también sobre la Sanidad, las Pensiones, en fin, sobre casi todo. El dinero público, y siempre bajo una gestión tan cuidadosa como la privada, debe estar para casos excepcionales, que verdaderamente no puedan hacer frente a esos gastos; en ese caso sí creo que nuestras sociedades son ya lo suficientemente ricas como para proteger a esos desamparados, y puede cubrirse su necesidad -¿pero por qué olvidar que en muchas naciones hay generosas aportaciones privadas atendiendo esa urgencia?- con una gestión muy cercana, municipal, con seguimiento riguroso de esas excepciones. El resto de la población, de acuerdo a sus medios, debería hacer frente a sus gastos, elegir opciones libres que los protegiesen, y ahorrar, y usar libremente su dinero -pues ellos son los más adecuados para cuidarlo y no el Estado- que obviamente estaría muy liberado de la depredación de los impuestos.

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